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Pequeños detalles documentados que nos alumbran un poco sobre lo que fue esta humilde y poderosa comunidad en el primer siglo.

Tercero y Cuarto: parte de una comunidad renovada

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Hay esos detalles pequeños que saltan de en medio de pasajes no tan populares. Sucede cuando se lee alguna porción de la Escritura o algún  maestro de Biblia nos llama la atención para que busquemos datos o algo en particular que nos resulte desconocido y curioso. Eso es lo que nos pasó la otra vez.

Estábamos finalizando la tan famosa carta a los Romanos. Excelsa, directa y profunda, ha sido el deleite de muchos estudiosos de la Biblia. Y casi al final, un pequeño detalle nos da una luz sobre lo que fue la comunidad del primer siglo y los efectos que el Evangelio de Cristo estaba produciendo en la Sociedad de ese tiempo. Sin duda alguna, una genuina revolución.

Nota: el Apóstol ha hecho una disertación maravillosa del Evangelio, como en ninguna otra carta, ha expuesto puntos que constituyen los pilares de la doctrina cristiana y ahora solo está despidiéndose con mucho aprecio y enviando saludos (recuerda que las cartas tomaban días y hasta meses en llegar a los destinatarios.)

Y ahí está. Lee conmigo este pasaje:
Romanos 16:21 Saludos de parte de Timoteo, mi compañero de trabajo, como también de Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes.
Yo, Tercio, que escribo esta carta, los saludo en el Señor.
Saludos de parte de Gayo, de cuya hospitalidad disfrutamos yo y toda la iglesia de este lugar. También les mandan saludos Erasto, que es el tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto. ... Al único sabio Dios, sea la gloria para siempre por medio de Jesucristo! Amén.
Muy bien. ¿Qué hay en este pasaje de saludos personal tan digno de notar?
  • Bueno, lo primero, nombres bastantes raros, y algo graciosos para nuestro tiempo (Gayo, Sosípater, Erasto, Lucio, Jasón...)
  • Espera: también hay ahí un tal nombre: Tercio, y un Cuarto
  • ¿Tercio escribió esta Carta? ¡Así es!.
Bueno, ya que estás bastante observador, nota que tal parece ser una reunión donde están esperando que la carta sea terminada y que sea enviada. Era común en este tiempo que hubieran esclavos. La costumbre, en algunos casos, era ponerles nombres secuenciales: primero, segundo, tercero y cuarto.  Algunos pocos eran preparados en escritura, este parece ser el caso, Pablo está usando los servicios de un esclavo llamado Tercero.

Pero ha ocurrido algo especial. Ahí están reunidos: un apóstol, un hombre rico llamado Gayo, al menos dos esclavos (Tercero y Cuarto), el Tesorero de la Ciudad, llamado Erasto (quizá un Romano o gentil), Timoteo un joven hijo de un griego, Sosípater, Lucio y Erasto probablemente eran judíos. Así que, aquí tienes, una verdadera revolución social: ricos y pobres, judíos y gentiles, esclavos y amos. Todos en una comunión que traspasa las diferencias en su raza y posición social, su estatus legal. Tan claro es que el Hno. Tercero, tiene la confianza de incluir su nombre (lo cual no era común, pues era esclavo) y enviar saludos personales a los hermanos.

¡Ahh, maravillosa gracia de Cristo! La iglesia del primer siglo rompió barreras tan duras de romperse. Tal hazaña, no pudo ser sostenida por las siguientes generaciones, tu lo sabes por la historia, mucha de la segregación racial fue alimentada con argumentos religiosos fuera de contexto. Pero el evangelio de Cristo jamás ha sido fuente de opresión de la humanidad. El vino a predicar libertad a los cautivos. Y presentar a los hombres iguales delante de Dios.

Y como dice la Escritura: Gal 3:28 Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.

Esa es la gracia del Evangelio de Jesús, miles de años después, a penas a finales del siglo 19, todavía se tuvo que pelear por los derechos básicos de las personas, muchas de estas luchas fueron impulsadas e inspiradas por los que Jesús hizo y dijo de los seres humanos.

Quiera el Señor renovar este espíritu de genuina hermandas entre nosotros sus hijos. Tu y yo somos llamados a abrazar esta revolución social y practicarlo ofreciendo amor de Cristo a todos y cada uno de los miembros de su Cuerpo.

Yo, el hermano Tercero, quien escribe esta carta, les saluda. - y al fondo se oye una voz: también dales mis saludos, - y el hermano Tercero escribe: También les manda saludos el hermano Cuarto. - Ahh y Erasto el tesorero de la ciudad. WOW. Una sola fe, un solo Dios, somos uno en El.
 

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